Según un comunicado emitido por dicho instituto, la investigación, dirigida por Mark Changizi, neurobiólogo y profesor del departamento de ciencia cognitivo del Rensselaer, ha relevado una sorprendente similitud en la forma en que las ciudades y el cerebro afrontan las dificultades para mantener una interconexión suficiente.
Según declara Changizi,” La selección natural ha sido guiado pacientemente el desarrollo del cerebro de los mamíferos a lo largo del tiempo, de la misma forma políticos y empresarios han conformado indirectamente la organización de ciudades grandes y pequeñas”.
Para el científico parece como si tanto la evolución como los humanos “hubiesen llegado a una conclusión similar: tanto los cerebros como las ciudades, a medida que crecen, han de estar interconectados de manera compacta para funcionar correctamente.
Cuando todos los cerebros van alcanzando mayor complejidad, su estructura y su organización cambian, con el fin de llegar a un nivel óptimo de interconexiones neuronales. Las neuronas, en los cerebros desarrollados, establecen un mayor número de sinapsis (que son uniones especializadas mediante las que se envían señales de unas a otras.
Por esta razón, no bastaría con doblar el tamaño del cerebro de un perro, por ejemplo, para que esta adquiera las capacidades cognitivas de un humano, sino que se necesitaría además que el cerebro del perro llegara a formar las conexiones neuronales pertinentes.

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